Estás en Desde el Jergón, un weblog personal que sirve de cajón desastre para su autor. Puedes encontrar un poco de todo por estas páginas repartido en diferentes categorías, destacando las opiniones personales sobre música en el apartado de Musicopatía.

Burdon es quién tú quieras que sea. Pero si te sirve de algo, te puedo dar algunas pistas como éstas; 28 años. Aprendiz de funambulista. Zurdo (que no zoquete). Melómano incorregible. Nací, crecí y sigo viviendo a la Ciutat dels Capgrossos. De raíces extremeñas y ramas catalanas. Fan de Faemino y Cansado, por los siglos de los siglos, amén.
El título de este weblog, desde el jergón, es el título de una de las canciones más enigmáticas de Los Enemigos, el grupo de rock, (de los de aquí de toda la vida) que más me ha enganchado en estos últimos años. Se lo puse porque creo que le pega al sitio desde donde escribo. Un auténtico jergón.
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Domingo, 26 de septiembre de 2004
De un tiempo a ésta parte, vengo fijándome en mi miedo por que me caiga algo desde las alturas. Es como si temiera que se desplomase sobre mi cabeza el cielo, algo parecido a lo que le pasaba a Abraracúrcix. Cualquier ruido, cualquier golpe sospechoso que suene en el aire, crea en mi una reacción instintiva de protección, me llevo las manos a la cabeza para intentar proteger mi cabeza de aquel inesperado suceso.
Ignoro de donde me vendrá ese temor por creer que algo caerá sobre mí, algo así como una de las enormes piedras que le caían al coyote en su eterna persecución frente al correcaminos. Tal vez debería de llevar siempre conmigo un escudo como el de Abraracúrcix, seguro que le sacaría muchas utilidades. Podría resguardarme por ejemplo de la lluvia, o utilizarlo a modo de frisbie con un mamut del pleistoceno. Me lo llevaría a la nieve para poder tirarme por las laderas blancas, me escudaría de los mal hablados... - aaaah, ¡todo lo que me digas te rebota!. Y como no, me escudaría de cualquier fenómeno extraño que sobrevolase por encima de mi cabeza.
Hace poco cayó desde el cielo una plancha de tres metros de largo a dos metros escasos de mí. Inconscientemente me llevé las manos a la cabeza y me agaché. Me quedé paralizado mientras oía gritos a mi alrededor.
Decididamente creo que voy a mirarme seriamente lo del escudo.
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