Jueves, 29 de julio de 2004
Hoy es un día señalado para mi. Es algo que se lo contaré a mis nietos, lo reviviré con los míos celebrando el aniversario de tal evento. Daré conferencias en las universidades sobre ello. Hoy me he comprado mi primer ventilador.
Han tenido que pasar veintisiete años para decidiera comprarme un ventilador para mi habitación. Nunca lo creí necesario, como aquel de Bilbao que no le hacía falta espuma para afeitarse. Pero las circunstancias mandan, ¡no pienso dormir ni una noche más en este insoportable infierno!. Fui, miré, comparé y solté el parné. El montaje del ventilador ha servido para darme cuenta de que hasta un chimpancé habría acabado antes que yo. Pero es que no todos los días monta uno su primer ventilador...
Ahora mismo mientras escribo esto, me está dedicando una agradable brisilla. Pero la brisa se va, y luego vuelve, y luego vuelve a irse. Es como si te diera un beso sílbico
(lo sé, me lo acabo de inventar), para luego retirar los labios poco a poco y ofrecérselos a otro. Y venga a irse y a venirse. Este ventilador, no puede ser un ventilador, debe ser una ventiladora, el sexo opuesto del ventilador. Es cruel, te lleva al paraíso para luego abandonarte en los más abochornantes infiernos.....
Ah, no. Me informan de que la señora ventiladora tiene una opción para quedarse estática, ofreciéndote así las llaves del paraíso eternamente. ¿Entonces, es ventiladora o ventilodoro?. A ver si va a ser hermafrodita, o selenita, ¿funcionarán los ventiladores en la luna?. Lo quedaremos en ventilador de carácter ambiguo.
Los recuerdos que tengo de este aparato son confusos y a la vez selectivos. Recuerdo el ventilador que tenía mi tío en el comedor. ¿Quién no ha jugado a seguir la dirección del viento?. Recuerdo como jugábamos los críos imitando al ventilador soplándonos los unos a los otros, con escupitajos involuntarios por culpa de nuestra transición de dientes de leche. Recuerdo también el ventilador de un funcionario de la Campana
(donde se sacan todo tipo permisos para los automóviles) . El olor a sudor de funcionario se esparcía por toda la tercera planta gracias a su cascado ventilador, que asco. Y como olvidar la noche que me resfrié por dormir no sé donde con un ventilador enchufado. Eso si lo juntamos con que dormía con el culo al aire, consiguió que me quedara fuera de circulación por unos días. Que recuerdos...
Ah ventilador, creo que este es el comienzo de una espléndida amistad.
Por: Burdon | Cosas que pasan | Comentarios (0) | Referencias (0)